Hay salidas que planificas con semanas de antelación, con el parte meteorológico en una mano y el mapa en la otra. Y luego están las otras — las que simplemente ocurren porque después de una ola de frío decides coger la cámara, subirte al coche y ver qué encuentras. Esta fue una de esas.

Diciembre. Habíamos tenido varios días de temperaturas bajo cero y la previsión era clara: nieve en las sierras. Eso era suficiente razón para ponerse en marcha.


La primera parada que no estaba planeada

Antes incluso de llegar al Boquete de Zafarraya, la carretera ya nos estaba regalando encuadres. De repente, ahí estaba: las sierras completamente blancas en las cimas, un cielo cargado de altocúmulos que se extendían en todas direcciones como pinceladas sobre un lienzo azul intenso. El tipo de cielo que no da tiempo a pensar — solo a frenar, bajar del coche y disparar.

Las sierras nevadas desde la carretera, antes de llegar al Boquete de Zafarraya

La nieve estaba en las cimas, no en el suelo donde pisábamos. Pero eso le daba algo especial al paisaje: esa combinación de campo verde en primer plano y blanco en las alturas, todo bajo ese cielo cargado de drama. A veces no hace falta tocar la nieve para sentirla.


Alhama y sus miradores

Al llegar al pueblo, aparcamos y nos pusimos a recorrerlo a pie. Alhama de Granada es uno de esos lugares que guardan mucho más de lo que prometen desde fuera. El Tajo —la garganta que se abre bajo el pueblo— es espectacular en cualquier época, pero en invierno, con los árboles desnudos y el río brillando entre las paredes de roca, tiene algo que no se puede describir del todo con palabras.

Desde los miradores, las vistas se abrían hacia el interior: el río serpenteando entre álamos sin hojas, los campos al otro lado, y al fondo, las cimas nevadas asomando entre las nubes.

El Tajo de Alhama desde el mirador: el río, los álamos y la sierra nevada al fondo

Vista desde los miradores del pueblo


Alhama desde lejos: el encuadre que hay que buscar

Al salir del pueblo nos alejamos por las pistas para buscar perspectiva. Hay momentos en los que la imagen que buscas no está dentro del lugar, sino mirándolo desde fuera. Alhama a lo lejos, con sus casas blancas sobre el cerro, la torre de la iglesia recortada contra el cielo y las sierras nevadas cerrando el horizonte por detrás — eso es lo que íbamos a buscar.

Alhama de Granada desde las afueras, con la sierra nevada de fondo

Otra perspectiva del pueblo desde los campos

Vale la pena dar ese rodeo. Siempre.


Recorriendo la comarca: lo que aparece cuando te pierdes

Con el coche seguimos explorando la zona sin un destino fijo. Y es en esos momentos, cuando afloja la presión de “ir a un sitio concreto”, cuando el ojo empieza a ver de verdad.

Un árbol solitario en mitad de un campo verde, con ese cielo azul de diciembre de fondo. Sin más. Una composición que se ofrecía sola, solo había que detenerse.

Árbol solitario en los campos de Alhama

Más adelante, un olivar. Las hileras se perdían hacia la montaña nevada creando un punto de fuga perfecto — geometría pura que la naturaleza y el trabajo del campo habían construido sin saberlo. Uno de esos encuadres que te dan ganas de enmarcar.

Olivar con punto de fuga hacia la sierra nevada

La luz de diciembre, baja y lateral, creaba sombras largas y definidas sobre el terreno. Ese tipo de luz que los fotógrafos perseguimos y que en verano solo dura unos minutos al día, pero que en invierno te acompaña durante horas.

Sombras y texturas en los campos de Alhama

Y claro, había poco tráfico. Así que hubo un momento en que paramos el coche en mitad de la carretera. Así, sin más. Porque la recta se perdía hacia las montañas de una manera que no podíamos dejar pasar.

La carretera perdiéndose hacia las sierras nevadas


El balance del día

Comimos bien, recorrimos una comarca que merece mucho más reconocimiento del que tiene, y nos volvimos con el disco duro lleno de imágenes que nos llevaron un buen rato editar. No llegamos a tocar la nieve — se quedó en las cimas — pero eso le dio al día una atmósfera particular: la de un invierno que se siente sin necesidad de sufrirlo.

Alhama de Granada en diciembre es uno de esos destinos que conviene revisitar en distintas épocas. Pero si tienes que elegir una, que sea después de una ola de frío. La luz es diferente. El paisaje es diferente. Tú también llegas diferente.

Si quieres ver todas las imágenes de esta salida, puedes hacerlo en el álbum completo de Alhama de Granada.


¿Has visitado Alhama de Granada? ¿Tienes algún rincón de la comarca que merezca la pena explorar con la cámara? Escríbeme a través del formulario de contacto — siempre estoy buscando la próxima razón para volver.